noviembre 24, 2011

The Whole Love

Wilco

The Whole Love

dBpm Records 2011

P. Sansone, Schick, Tweedy

La semana previa al lanzamiento físico de The Whole Love (dBpm Records 2011) la internet y sus habitantes apresuraron sus conclusiones en la primera escucha. Un público ávido de la novedad de vanguardia que salvara un año musical un tanto flojo en el departamento del rock, paso por alto los retruécanos y prolijos detalles de producción de la placa. La composición habitual de Wilco no sufrió cambio alguno, todas sus estrategias sonaron intactas, salvo por la sorpresa que representó Art of almost alejada totalmente de cualquier cosa previa que se le conozca a los de Chicago. Eso bastaba para apresurar el juicio respecto del octavo intento del grupo y seguir adelante en la búsqueda frenética del nuevo santo que renueve los formatos de la música popular contemporánea.

Sin embargo la curiosidad mató al gato. Segundas, terceras y cuantas escuchas consecutivas fueron necesarias, revelaron a los incrédulos los quilates de una joya cortada con oficio, maestría y sobre todo artificio. The Whole Love es un festín de sonoridad una vez que se deja de pelear contra él. Conducirse entre sus momentos psicodélicos pop -I might, Standing O- o su alma folk entrelazada de esperanza y conformidad -Rising Red Lung, One Sunday Morning- es un deleite sin reservas. Su vaivén esquizofrénico le permite cambiar sus estados de ánimo con tranquilidad descarada. Desde su inicial punto álgido que arremete con violencia, a los ecos melancólicos de Sunloathe; de la franca alegría conformista de Dawned on me hacia la obscura belleza de Black Moon. Wilco va y viene con naturalidad. Sin despeinarse. El tipo de arte que se hace en la plenitud de la madurez temprana.

Interminables capas de texturas resueltas a través de la dominante presencia del bajo -cosa mas bien rara en la banda- guitarras eléctricas cambiantes entre la voz cantante y el fondo, una armada de órganos comandados por resonantes Mellotrones y Patell's transportes al lejano pasado -de Wilco, de la música pop- un robusto componente de percusiones que tintinean por doquier y una guitarra acústica que en su momento manda callar a todo lo demás, para protagonizar a lado de la siempre emotiva voz de Tweedy. El resto se afianza con la concienzuda producción. Para el proceso de grabación de The Whole Love la banda optó por explotar los no pocos recursos de su centro de operaciones: The Loft. Al hacerse cargo de la meticulosa labor, Jeff Tweedy capitanea a un bastante suelto e imaginativo Pat Sansone; quienes a lado de Tom Schick también hicieron la ingeniería de audio. Esta recuerda los momentos mas logrados de Yankee Hotel Foxtrot (Nonesuch 2002) sin la pesadez de este.

Así los lugares comunes de Wilco esparcidos por doquier nos hacen nuevamente sentido: La observación profunda del cotidiano mas trivial, la insistencia en la futilidad de la existencia material, el turismo de banda de rock, el pequeño y constante drama del matrimonio, las estructuras rítmicas en crescendo, country de cafetería y todo lo demás que bien se le conoce. La actual encarnación de la banda -que por lo pronto parece ser la definitiva- puede descansar en sus laureles por largo tiempo: Ha logrado su mejor disco a la fecha.

Y eso siendo Wilco no significa poca cosa -con o sin el favor de la voracidad del nuevo público roquero de la internet-.

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